Ser el canal del conocimiento

 

Ser el canal del conocimiento


Alika Santiago 
5 de diciembre



En la primavera del 2023, después de tres semanas de trabajo ritual y acompañamiento de grupos, cerré esa jornada en el encuentro de mujeres indígenas investigadoras en Panamá; compartí ahí la propuesta metodológica del Sak bej. Terminando mi presentación, se acercó una hermana Mapuche y me expresó su interés por la propuesta y el asombro del engranaje de tantos conceptos de la cosmovisión maya a una propuesta de construcción del conocimiento; me preguntó: "¿Canalizas la información para este tipo de propuestas?".

Hasta ese momento, yo era consciente de mi capacidad de canalizar en los espacios rituales y ceremoniales donde podía recibir el mensaje de esencias, divinidades, guardianes y ancestros. Y esa pregunta de la compañera mapuche me voló la cabeza, el corazón y me hizo reflexionar sobre mi proceso de creación. Recordé textos que escribí en solo minutos, en una escritura automática y fluida. En ideas que llegan como dictados “de la nada” y que no dejan de rondarme hasta escribirlas, pintarlas o crearlas en la forma que mi estado permita.


Recordé que antes de volverse una metodología, el Sak Bej fue una herramienta puntual que cree para encuentros con educadores populares del sursureste de México y surgió de una plática de hora y media con mi amiga Limbania. En ese proceso de cierre de pandemia también tuve una sesión de canalización con mi amiga y maestra Shanty Acosta, quien me dijo: “Hay un guardián maya que te acompaña, y dice que el sak bej está abierto, hay que poner el agua al centro. Es momento de enseñar el Sak bej al mundo”. 

Fotografía Claudia


Empecé a ser consciente de mi proceso creativo, que una de mis fuentes son seres no humanos, los que susurran, dictan, explican, comparten saber que luego plasmo en el papel, en el espacio virtual, en la investigación, frente a los grupos en los talleres o en la cotidianidad. Claro que para quien está educado en el paradigma que promueve los derechos de autor o de la propiedad del conocimiento, esta posibilidad es absurda, riesgosa y amenazante.

Acceder al conocimiento como canal abrió para mí una lectura profunda de los elementos, del tiempo, de los espacios, de los grupos, reconociendo en un diálogo sutil su estado y me permite afinar mi pertinencia; algunas veces lo logro, otras no tanto, pero eso no es lo que importa. Lo importante es el proceso de abrirse a fuentes sutiles, confiables, profundas, democráticas, universales, libres de agendas e intereses, más que el compartir en resonancia de la verdad. 

Escribir sobre este tema es producto de un proceso complejo. Raúl Cabrera, amigo, maestro y asesor de tesis de maestría en la UAM Xochimilco, me sugirió en aquel tiempo: “Alika, deberías nombrar la canalización en la metodología”. Yo, agradecida, pero también dudosa, había postergado esa sugerencia. Entiendo ahora que mi duda no era más que el rigor de la ciencia que me enseñaron, de su enfoque de propiedad, rígido, muchas veces extractivo y acaparador de la verdad que aún habita en mí, aun en mi rebeldía y propuesta colectiva al respecto. 

Hablar de justicia epistémica es hablar de mi proceso, de la soberanía del saber, de sus orígenes, de sus diálogos y formas para materializarse. Mucho de lo que hago y hacen más personas de las que creemos, viene de ahí, del susurro que a veces creemos intuición, corazonada, sueño, epifanía, resonancia, pero es el susurro de tu ancestro, de la guardiana del agua, de la esencia divina de un maestro, de tu ser de otra línea temporal, del reino animal, de la memoria del cosmos. Y ahí los pueblos originarios son maestros fundamentales.

Es momento de enseñar el sak bej al mundo, es momento de abrir la palabra de los mundos y de los reinos para expandir, recordar el conocimiento que corresponde a los nuevos tiempos.

  



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